El ciclismo, las matemáticas y la incertidumbre

El ciclismo, las matemáticas y la incertidumbre

En la vida hay dos tipos de personas: los ordenados y los desordenados, los idealistas y los pragmáticos, los que planifican y los que improvisan, los que piensan para encontrar el por qué de las cosas y los que prefieren pensar menos para dejarse sorprender, los cuadriculados de mente y los impulsivos, etc.

Para ser ciclista conviene pertenecer al segundo grupo de personas, al de los pragmáticos que viven día a día. Cuando empecé en esto, yo era claramente del primer grupo de personas: planificaba, pensaba que el entrenamiento y el ciclismo eran una ciencia exacta, que todo se desarrollaba según una relación causa-consecuencia que controlabas… Sin embargo, con el paso de los años no me ha quedado más remedio que ir evolucionando hacia el segundo tipo de personas.

En mis comienzos, mi mentalidad cuadriculada se oponía a aceptar frases tan recurridas como las de “el ciclismo no son matemáticas” o “el entrenamiento no es una ciencia exacta”. Cuando preguntaba por qué, recibía como respuesta: “en el ciclismo te pagan por dar pedales, no por pensar”. Aun así, me resistía a aceptar que aquello en lo que depositaba tanto trabajo, ilusión y esfuerzo estuviera sometido a tanta incertidumbre y fuera tan poco controlable.

No obstante, con el tiempo he aprendido a pensar de otra manera y a darme cuenta de que en un ciclista y en su rendimiento influyen tantas cuestiones que es imposible ejercer un control total sobre ello. Empezando por lo tangible (la herramienta de trabajo – la bicicleta, la forma física, la alimentación, el estado de salud, el clima…), pasando por lo intangible (la motivación, la mentalización, los problemas personales, la presión, el estrés…) y terminando por lo evidente: una carrera la disputan doscientos corredores y sólo la gana uno.

Cada día tengo más claro que uno de los rasgos más característicos del ciclismo (y que suele pasar desapercibido para los que observan este deporte desde fuera) es la constante incertidumbre en la que vivimos todos lo que componemos este mundillo.

Por ejemplo:
– Entrenas con una programación para una carrera determinada, pero de repente un compañero tuyo se cae de la convocatoria por cualquier razón y tienes que coger un avión a toda prisa para sustituirle en otra carrera que no entraba en tus planes.
– A veces preparas a conciencia una competición sin la certeza de que vayas a correrla, pues sólo queda una plaza a la que aspiran varios compañeros más.
– Te acuestas por la noche mentalizado para hacer un determinado entrenamiento al día siguiente y cuando te despiertas hace tan mal tiempo que tienes que cambiar tu programación sobre la marcha.
– Aunque seas el más fuerte de la carrera, nadie te garantiza que no sufras una caída o un pinchazo en el momento menos oportuno y se vayan al traste tus posibilidades de victoria.
– Haces méritos para pasar a profesionales, pero hasta el último momento no sabes si te darán la oportunidad porque la decisión depende de muchas otras cosas que nada tienen que ver contigo.
– Los contratos fijos no existen en el deporte, por mucho que el Ministerio de Trabajo se empeñe en aumentar la estabilidad laboral.
– Vas motivadísimo a una carrera porque te has encontrado bien en los entrenamientos y crees que vas a hacer una buena carrera, pero tienes un mal día sin saber por qué y te llevas un chasco de órdago. O por el contrario corres sin optimismo porque no estás bien de forma y de repente se te aparece la virgen y ganas, aunque sea porque los corredores que iban por delante de ti han sido desviados equivocadamente y se han perdido…
– Se monta una chapuza como la de la Operación Puerto con numerosas contradicciones y manipulaciones y el futuro del ciclismo se tambalea.
– Y así mil ejemplos más.

Lo que más admiro de esta incertidumbre constante es la mentalidad que desarrolla el ciclista: quieras o no quieras, te opongas o no, aprendes a vivir al día y tiendes a hacer los mínimos planes posibles porque sabes que pensar más allá de la semana que viene supone un desgaste mental inútil. Te das cuenta de que la vida y el ciclismo dan tantas vueltas (y encima sin pedirte permiso…) que lo que hoy es blanco quizás mañana sea negro. En definitiva, adoptas perfectamente aquello que tanto predican los psicólogos para curar el estrés de sus pacientes: vivir en el “aquí y ahora”. Es apasionante y a la vez frustrante no saber con un poco de exactitud lo que harás la semana que viene…

De ahí que hace unos años me diera cuenta de que había perdido mi batalla personal de querer convertir el ciclismo en algo más estable, más constante y, en definitiva, más matemático. Aunque podamos controlar muchas variables, seguirán existiendo muchas incógnitas y el margen de incertidumbre será todavía enorme. Pero es ahí donde reside la belleza de este deporte y lo que lo hace tan humano y tan semejante a la vida misma. Por mucho que el ciclismo moderno tienda cada vez a estar más controlado mediante pinganillos, pulsómetros, medidores de potencia, dietistas y demás, siempre quedará esa parte de improvisación e incertidumbre que permiten que las carreras nos sigan emocionando y sorprendiendo.

Así que: las matemáticas para los científicos y la incertidumbre para los ciclistas

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