Nada fue mentira… nada fue verdad

Nada fue mentira… nada fue verdad

La Comisión del Senado francés que destapó la semana pasada un nuevo capítulo de dopaje sistemático en el pelotón del Tour de 1998 fue sólo el punto de partida para que otro terremoto –¿cuántos llevamos? – sacudiera los cimientos del ciclismo. Desde ese día, varios han sido los ex corredores que de forma más o menos voluntaria han salido a dar la cara, forzados por la situación, y explicar con pelos y señales las ayudas a las que recurrieron no sólo en aquel Tour, sino a lo largo de su carrera.

Al final, uno llega a la conclusión, después de oír y leer tantos y tantos testimonios que, si bien es cierto que nada en aquella época fue verdad, tampoco nada fue mentira. El pelotón, en general, iba dopado. Sí. Pero, este hecho también nos lleva a una conclusión muy sencilla: si todos iban igual quiere decir que ganaban los mejores. Quizá, eso sí, se evitó alguna pájara. Se esquivó un mal día. Pero, estadísticamente, esas prebendas caerían del lado de todos por igual, por lo que los resultados que arrojaron aquellas clasificaciones son, al menos, justos.

Pero el gran problema, el que más preocupa en las redes sociales y las tertulias de bar –entre los aficionados realmente entendidos– no es el de la veracidad o no de aquellos resultados, sino de qué debe de pasar con aquellos, entonces, ciclistas y que ahora, 13 años más tarde, siguen asomando por el pelotón convertidos en managers, directores deportivos, entrenadores…
La gran mayoría opinan que deben de ser expulsados irremediablemente para evitar el efecto contagio a una generación que, supone esa misma mayoría, corre mucho más limpia –permítanme que no crea en la limpieza total de ningún deporte, y que podría verse tentada a usar los mismos métodos que antes utilizaron sus ahora mentores.

Primero y principal, porque damos por hecho que la generación actual podría volver a caer en el dopaje sanguíneo, de autotransfusiones, de EPO y demás, que es el que podría proponerle esa generación marcada. Pero el problema para los defensores de esta teoría es que, al contrario de lo que ocurría entonces, los análisis han avanzado y ahora sí es detectable, no como hace quince años cuando las autoridades de la lucha contra el dopaje sólo contaban con aquella regla del 50% de hematocrito para sospechar el consumo de sustancias prohibidas.

Por otro lado, podríamos decir que estos señores sin consciencia, más que formarse y prepararse para acometer sus labores actuales han pasado los últimos años de su vida estudiando nuevos métodos de dopaje indetectable con los análisis actuales y administrándoselos a sus pupilos. Bien, esa es otra cuestión que se cae por su propio peso ya que esa práctica, de estar realizándose –ojo, no lo afirmo– lo estarían haciendo los médicos y no estos ex ciclistas.

Y, por último, no debemos de olvidar que todo el mundo tiene derecho a la rectificación y a la presunción de inocencia. Estos señores recurrieron a métodos prohibidos, llevados por su propio ego y su ambición y, también –conviene no olvidarlo– por un mundillo en el que esa práctica era lo normal.

Fuente: vanlooy.es
Foto:sansuenaenbici.blogspot.com

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